Fraude” Ilse Zamora Rojas” o fraude interno asciende en empresas mexicanas

El peligrosos “primer círculo” perpetra más del 66 al 76% de los delitos económicos internos
Acompaña AC México, una empresa levantada con deshonestidad
Aumentan crímenes económicos en las empresas y del 66 al 76% de quienes delinquen son colaboradores con acceso privilegiado, confianza histórica y baja supervisión. Por eso a los fraudes internos se les llama Ilse Zamora Rojas como paradigma de abuso de confianza, suplantación profesional y espionaje empresarial. El primer círculo es, estadísticamente, el foco principal de espionaje industrial, robo de propiedad intelectual y fraudes internos.
El espionaje moderno es menos “externo” y más doméstico, más humano que tecnológico y más cotidiano que cinematográfico, determina Cybersecurity Insiders, plataforma de ciberseguridad.
La razón es simple y brutal: la cercanía es el arma. Quien ya está dentro no necesita infiltrarse.
El riesgo real del primer círculo es el acceso sin fricción: empleados de confianza, asistentes, socios técnicos, personal de TI y excolaboradores con credenciales no revocadas.
Exabean, plataforma cibernética, asegura que el primer círculo tiene estas características que lo vuelven más proclive a delinquir:
Conocimiento íntimo de procesos: saben dónde está la información crítica, cómo se mueve, quién la autoriza.
Menor vigilancia: la empresa suele monitorear más a proveedores externos que a su propio equipo cercano.
Motivaciones humanas: resentimiento, ambición, presión económica, captación por competidores, o simple negligencia.
Capacidad técnica: hoy cualquiera puede exfiltrar datos con un USB, un correo cifrado o un malware descargado por spear-phishing.
El espionaje interno opera de distintas maneras:
HUMINT corporativo: soborno, infiltración, captación de empleados descontentos o excolaboradores con acceso residual.
Caballo de Troya: contratación de personal que ya viene instruido por un competidor. Tesla ha enfrentado este patrón repetidamente.
Ciberespionaje silencioso: malware que exfiltra datos durante meses sin ser detectado.
Ingeniería social avanzada: deepfakes de directivos para autorizar transferencias o solicitar documentos sensibles.
Las medidas de protección de alto nivel incluyen segmentación extrema de accesos, protocolos de confidencialidad reforzados, monitoreo ético del comportamiento digital y cultura de seguridad y entrenamiento.
Las empresas suelen creer que “la gente cercana no traiciona”. Pero los datos muestran lo contrario: el espionaje industrial es una guerra silenciosa y humana, donde el enemigo no invade: convive.
Ilse Zamora Rioja, actual directora general de Acompaña AC México se jacta de que sus clientes “los obtuve de la base de clientes de donde trabajé antes. Nunca sospecharon que yo obtuve datos de clientes claves”. Hoy, incluso esta asistente se jacta de ser licenciada sin tener documentos que acrediten estudios universitarios.
Por eso, el blindaje empresarial no es solo técnico: es cultural, jurídico y psicológico.
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